Con Pelo en la Lengua

Rock de Primavera Democrática

La primavera democrática de 1982 duro poco, casi como la estación climática. Demasiado poco. Pronto la oscuridad de las revelaciones sobre el terrorismo de estado más las calamidades habituales de la politiquería nacional, bañaron de pesimismo la sociedad. A pesar de todo, a pesar del bajón, los jóvenes elegimos (intentamos) vivir en otra realidad, o al menos inventarnos una para refugiarnos. Y la música que fue bálsamo y resiliencia durante los años oscuros, impulsada por esos “raros peinados nuevos”, nos invitaba a movernos, a salir del miedo interior, a vivir en libertad. Como decía la canción de Virus: “Jugar con la imaginación/sin tener que pedir perdón”.

Los ochenta marcaron un giro copernicano en nuestra vida, provocando una auténtica revolución en el pensamiento y la acción de una sociedad demasiado traumada. En ese contexto aparecieron bandas como Soda Stereo, Los Twist, Suéter, Metrópoli, Sumo, Virus, Enanitos Verdes, Viuda e Hijas de Roque Enroll, Fabulosos Cadillacs, Las Bay Biscuit y muchos, pero muchos más que hicieron que el rock argentino recuperara la energía y el estilo físico y descontracturado que lo caracterizaba.

“Agujero interior” de Virus, “La dicha en movimiento” de los Twist, y “Clics Modernos” de Charly García, fueron la banda sonora fundamental de aquellos primeros tiempos de la democracia. Pronto llegaría Soda Stereo, que todavía sin ese nombre grabó un demo con otros dos colaboradores: Richard Coleman en guitarra y Daniel Melero en teclados, que incluía “¿Por qué no puedo ser del jet set?”, “Dime Sebastián” y “Debo soñar”. Luego del bautismo definitivo, el trío empezó a mostrarse en la escena under porteña, en locales emblemáticos como el Bar Zero y el café Einstein. Este último, regenteado por un personaje central del under capitalino de aquellos años: Omar Chabán, quien luego crearía Cemento, otro tótem de la noche rockera. Su vida acabaría dramáticamente años más tarde con la tragedia de República Cromañón, último reducto bajo su gestión.

Pero regresemos a esos primeros años de los ochenta.  Porque a pesar de todo, como decía Spinetta, “Hay como un airecito lindo” Los Soda empezaron a ganar fans y los entrevistamos para presentarlos en la revista, en la edición de marzo de 1984, luego de las exitosas actuaciones en el ciclo de carnavales del boliche Marabú. El resultado es una nota “burbujeante”, lejos de cualquier declaración estridente, se presentan como un grupo que quiere que el público se libere, se deshaga de prejuicios y ponga más el físico. Soda ya se destacaba del resto por su particular imagen, de una cuidada producción que, con los escasos recursos de que disponían, marcaba la diferencia. Gran parte de esa revolución estética era iniciativa de Alfredo Lois, quien había sido compañero de Cerati y Zeta en la carrera de publicidad en la Universidad. 

En una de esas actuaciones, un ejecutivo del sello CBS los descubrió y los firmó. Pero cuando todo parecía listo, a la compañía se le ocurrió que tenían que grabar covers, no sus propias canciones, entrando en una etapa de estancamiento. Finalmente, el promotor Carlos Rodríguez Ares movió las fichas y Soda entró a grabar su álbum debut en los viejos estudios de CBS. Ares impulsó al líder de Virus, Federico Moura, para que lo produjera, pero en la práctica su función estuvo acotada porque la banda fue al estudio con todo cocinado.

El 1 de octubre de 1984, Soda presentó su álbum debut homónimo en un local de fast food de la cadena Pumper Nic (remedo local de McDonalds). Nuevamente Ares produjo el evento como un show, proyectando el video de “Dietético”, algo nunca hecho antes. El clip fue un verdadero esfuerzo de trabajo e imaginación. El sonido fue tomado de una maqueta de la canción y las imágenes grabadas con los equipos prestados de la compañía de televisión para la que trabajaba Alfredo Lois.

En diciembre de ese año, Soda presentó el álbum en vivo en el teatro Astros, con una puesta escénica -otra vez- sorprendente: el escenario cubierto de docenas de aparatos de televisión encendidos, una auténtica “Sobredosis de TV”.

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